POR QUÉ DEJÉ DE SER DE IZQUIERDAS

FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS, CESAR VIDAL Y PIO MOA PRESENTAN EL LIBRO DE SOMALO Y NOYA.

Federico Jiménez Losantos, César Vidal y Pío Moa han sido los encargados de presentar en el hotel Wellington de Madrid el nuevo libro de Javier Somalo y Mario Noya, “Por qué dejé de ser de izquierdas”.

El director y el responsable de Suplementos de la Cope Javier Somalo y Mario Noya, respectivamente, dan cuenta en este libro de la peripecia izquierdista de doce significados intelectuales liberal-conservadores que en un momento u otro de sus vidas militaron activamente en la izquierda. Entre los referidos intelectuales se cuentan los propios presentadores de la obra.
Aparte de Federico Jiménez Losantos, Pío Moa y César Vidal, en Por qué dejé de ser de izquierdas se confiesan Amando de Miguel, Horacio Vázquez-Rial, Carlos Semprún Maura, Juan Carlos Girauta, Cristina Losada, José García Domínguez, José María Marco, Pedro de Tena y Javier Rubio. Todos ellos tienen en común el haber militado en la izquierda y el haber acabado recalando en el refugio liberal por excelencia de la prensa española, Libertad Digital.

“El socialismo es una enorme mentira, y esa mentira es un hecho moral. (…) Es muy biográfico, cada uno tiene su propia trayectoria y va inoculando anticuerpos que hacen que no funcione el virus”

Federico Jiménez Losantos

ENTÉRATE BIEN EN EL SIGUIENTE ENLACE.

http://www.porquedejedeserdeizquierdas.es/

¡CONTAD LOS MUERTOS!

LUIS FELIPE RAGEL RELATA LA PRIMERA DERROTA DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES EN ROCROI.

Luis Felipe Ragel reconstruye en “¡Contad los muertos!” los dos días de mayo de 1643 que duró la batalla de Rocroi. Pasea al lector por las tiendas de los generales y de los soldados, por el campo de batalla y por las filas de los supervivientes: planes para gobernar un país o sobrevivir a la batalla, rencillas entre los generales y los soldados, entre la multitud de europeos al servicios del rey de España y los franceses. Una novela para conocer un momento que fue un jalón en el poder de Europa, cuando el león de España demostró que podía ser herido.

A finales del siglo XV, España fue el primer país en Europa en muchas cosas: el primero en aplicar una reforma católica, el primero en expulsar a los invasores musulmanes y el primero en crear una estrategia y ejército superiores a todos los demás. Los Tercios se forjaron por obra del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, en la reconquista de Granada. A partir de entonces, los tercios vencieron en todas las batallas en las que participaron en Italia, en Alemania, en Francia, en África, en Flandes, en las Azores. Y fueron uno de los pilares sobre los cuales la Casa de Habsburgo construyó su hegemonía en el continente.

La imbatibilidad de los Tercios se prolongó durante siglo y medio. Bastaba que los combatientes de una batalla supiesen que se iban a encontrar con Tercios del rey de España para que su ánimo flojease. Y la élite de esta fuerza de combate eran los Tercios formados y mandados por españoles. La primera derrota de esta magnífica infantería ocurrió en la pequeña villa de Rocroi, al norte de Francia y cerca de los Países Bajos españoles. Europa se desangraba debido a la Guerra de los Treinta Años (1618-1648); España había comenzado su decadencia y Francia pugnaba por ocupar su lugar.

Se cuenta que después de la batalla un oficial francés preguntó a un prisionero de cuántos hombres se componía el tercio en el que había combatido y el español se limitó a responder: “­Contad los muertos!”. Los soldados que habían convertido la guerra en su vida aceptaban antes la muerte que la rendición.

LEA AQUÍ EL PRIMER CAPÍTULO DE ESTE INTERESANTE LIBRO:

http://www.altera.net/nueva/libros/contad_muertos.pdf

UN DÍA DE CÓLERA….

El escritor Arturo Perez Reverte ha conseguido retraernos al 2 de mayo de 1808 de una forma espectacular. El que no haya tenido la ocasión de leer este libro, le aconsejo encarecidamente que lo haga, va a disfrutar leyendo y se va a trasladar en “cuerpo” y “sangre” a lo que fue el levantamiento popular del 2 de mayo.

Tres de los grandes héroes de esa contienda, Daoiz, Velarde y Ruiz, están reflejados de una manera tan fideligna que es difícil igualar.

En conmemoración del 2 de mayo de 1808 y haciendo de nuevo un pequeño homenaje a nuestro conciudadano, les relato algunos párrafos referidos al Teniente Jacinto Ruiz Mendoza. Disfruten….

 

 

 

 

“Jacinto Ruiz Mendoza padece de asma, y hoy ha amanecido -como le ocurre a menudo- con fiebre alta y profunda sensación de ahogo. Desde la cama en la que se encuentra postrado oye disparos sueltos y se incorpora con esfuerzo. Tiene el cuerpo empapado en sudor, así que se quita la camisa de dormir húmeda, se refresca un poco la cara con el agua de una jofaina y se viste despacio, abrochando con dedos torpes los botones de la nueva casaca blanca con solapas y vueltas carmesíes con la que acaba de ser dotado el regimiento de infantería número 36 de Voluntarios del Estado, donde sirve con el grado de teniente. Le cuesta acabar de ponerse la ropa, pues se encuentra débil; y su asistente, un soldado al que envió en busca de noticias, no ha vuelto todavía. Al cabo logra ponerse las botas, y con pasos indecisos se dirige a la puerta. Nacido en Ceuta hace veintinueve años, Jacinto Ruiz es delgado, de complexión débil, pero voluntarioso y con mucho pundonor militar. Su carácter es tranquilo, casi tímido, con un punto de retraimiento debido a la enfermedad respiratoria que padece desde niño. Por lo demás, patriota, fiel cumplidor de sus obligaciones, amante del Ejército y de la gloria de España, en los últimos tiempos ha sufrido lo indecible, como tantos de sus camaradas, por la postración nacional ante el poder napoleónico. Aunque, no siendo hombre exaltado, nunca expresó opiniones políticas más allá del cerrado círculo de los amigos íntimos.

En la escalera, Ruiz encuentra a un mozalbete que sube corriendo, y con él se informa de que los franceses disparan contra el pueblo mientras grupos de civiles se encaminan a los cuarteles en busca de armas. Inquieto, Jacinto Ruiz sale a la calle y apresura el paso sin responder a las interpelaciones que varios vecinos, al ver su uniforme, le hacen desde los balcones en demanda de noticias. Sigue sin detenerse en dirección al cuartel de Mejorada, situando al final de la calle de San Bernardo, en el número 83 y haciendo esquina con San Hermenegildo, un poco más arriba del edificio de la Junta de Artillería. De ese modo, lo más aprisa que puede, aunque sin descomponer el paso para no causar mala impresión, luchando con el sofoco de sus pulmones enfermos y pese a la fiebre que le hace arder la frente bajo el sombrero, el humilde teniente de infantería, cuyo nombre no es más que una escueta línea en el escalafón del Ejército, acude a incorporarse a su regimiento sin sospechar que, cerca de la calle por la que ahora camina, muchos años después de ese largo día que apenas comienza, se alzará un monumento de bronce a su memoria.”